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dijous, 30 d’octubre de 2014

SOBRE ELS MITES DE LA DESIGUALTAT SOCIAL


Sandra Cava, del Departament de Comunicació d' Oxfam Intermón, ha publicat aquest article a El Huffington Post sobre el que tant se sent dir per part de tanta gent sobre la desigualtat.

Sandra Cava dóna arguments per convencer als que es creuen tots o algun d'aquests "principis"  de que son mites plens de falsedat.

Llegint l'article he recordat aquell moment de la cançó "D'un temps, d'un país" de Raimon, que diu "No creiem en la misèria, la misèria necessària, DIUEN, de tanta gent"

"Desde el inicio de la crisis económica en 2008 el número de milmillonarios en el mundo se ha duplicado. Sin embargo, hay quienes afirman que la desigualdad extrema no es ningún problema y que forma parte del orden natural de las cosas. Para ello, se basan en unos mitos que desmontamos aquí, con datos del informe Iguales que Oxfam Intermón ha sacado este jueves.


Mito 1: La desigualdad extrema es tan antigua como el mundo, siempre ha existido y siempre existirá

Realidad: Las intervenciones políticas pueden repercutir significativamente en la desigualdad de ingresos. En Latinoamérica, tras años de presión por parte de movimientos populares muchos países han logrado reducir su desigualdad consiguiendo que 50 millones de personas pasen a formar parte de la emergente clase media.


Mito 2: Los ricos lo son porque se lo merecen y trabajan más que el resto

Realidad: Quienes menos cobran trabajan tanto (o más) que quienes tienen sueldos más altos. Algunos de los empleos peor remunerados del mundo exigen un trabajo más duro, mientras que algunos de los mejor remunerados exigen menos esfuerzo.


Mito 3: La desigualdad es necesaria para recompensar a quienes hacen las cosas bien


Realidad: Incentivar la innovación y la iniciativa empresarial a través de recompensas económicas siempre generará un cierto nivel de desigualdad y puede ser beneficioso, pero resulta absurdo creer que el director de una empresa que gana 200 veces más que un trabajador medio es 200 veces más productivo y que contribuye 200 veces más a la sociedad.


Mito 4: La política de la desigualdad no es más que la política de la envidia

Realidad: Unos niveles de desigualdad elevados tienen consecuencias negativas para toda la sociedad. Las sociedades con mayores niveles de desigualdad económica tienen, en general, mayores índices de delincuencia, menor esperanza de vida, mayores niveles de mortalidad infantil, peor salud y bajos niveles de confianza.

Mito 5: Crecimiento y reducción de la desigualdad son incompatibles, especialmente a través de la redistribución

Realidad: La redistribución es beneficiosa para el crecimiento porque minimiza la desigualdad. Una desigualdad elevada y su aumento son, en realidad, perjudiciales para el crecimiento ya que acarrean menores índices de desarrollo y un crecimiento menos sostenido.


Mito 6: El aumento de la desigualdad es un efecto inevitable y desafortunado del progreso tecnológico y la globalización, así que poco se puede hacer al respecto

Realidad: Aunque los cambios tecnológicos, la educación y la globalización son factores importantes en la desigualdad, la principal causa reside en decisiones políticas deliberadas, como la reducción de los salarios mínimos, la reducción de los impuestos a los ricos y la eliminación de los sindicatos.


Mito 7: El problema no es la desigualdad económica extrema, sino la pobreza extrema. Mientras se reduzca la pobreza de quienes menos tienen, no hay por qué preocuparse por la desigualdad ni por el aumento de la riqueza de unos pocos


Realidad: La desigualdad económica extrema no sólo ralentiza el ritmo de reducción de la pobreza, sino que puede revertirlo. No es posible acabar con la pobreza sin abordar la desigualdad económica extrema y la redistribución de la riqueza."

1 comentari:

  1. Deu n'hi dó, el que va parir aquests mites es va quedar tranquil. Lo pitjor és que hi hà un munt de gent que s'ho creu tot aixó. I a més a més s'ho fan venir bé per fer-nos creure que els arguments d'Intermon no son posibles de dur a teme.

    Per a quan la revolució?

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